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A la isla de Menorca se le supone toda la dulzura de
cielos y aguas cargados de azul, pero a veces resulta áspera, y hasta
inhóspita. Basta con dejarse sorprender por la tramontana. Cielos que
pesan de tanto cobalto, acebuches oscuros doblegados bajo la tiranía del
viento, y un aire glacial que paraliza el gesto y empuja a las aves a la
deriva. Esto, junto con el carácter conservador y conservacionista de sus
habitantes, hace de Menorca uno de los últimos reductos mediterráneos a
salvo de la opresión del turismo de masas |
Menorca, Islas Baleares, sol del Mediterráneo. |
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